Washington. Antes los domingos eran el día de la iglesia en todo Estados Unidos y quien hincaba la rodilla, lo hacía en la casa de dios; sin embargo ahora el domingo es también el día del futbol americano, pero que un jugador se arrodille mientras suena el himno causa gran agitación.

“No me levantaré para mostrar mi orgullo por la bandera de un país que reprime a los negros y la gente de color”, dijo Colin Kaepernick, quarterback de los San Francisco 49ers, tras un partido contra los Green Bay Packers el 26 de agosto, a comienzos de la temporada de la NFL, liga nacional de futbol americano.

“Para mí esto es más grande que el fútbol y sería egoísta por mi parte si hiciera la vista gorda”, dijo.

La primera vez que protestó fue en un partido de pretemporada.

Después avanzó en su acción, a pesar de las fuertes críticas que recibió. Otros, como su compañero de equipo Eric Read, le acompañaron también el domingo antes del partido contra los Carolina Panthers y otros tres profesionales de los Miami Dolphins se arrodillaron también. En Detroit, Jason McCourty y Jurrell Casey de los Tennessee Titans levantaron el puño en señal de protesta, al igual que Robert Quinn de Los Angeles Rams.

Sus puños recordaron al Black Power y a los atletas Tommie Smith y John Carlos, quienes en los Juegos Olímpicos de 1968 levantaron su mano cerrada con guantes negros en ciudad de México durante la ceremonia de entrega de premios.

Pero ¿qué es lo que significa exactamente la protesta de los jugadores de fútbol de 2016? ¿Contra qué está dirigida? ¿Desigualdades sociales? ¿Violencia policial? ¿Racismo institucionalizado? ¿Represión sistémica de todos los negros de Estados Unidos? Incluso Barack Obama apoyó a Kaepernick y celebró que el jugador atrajera más atención hacia un gran problema. El presidente de Estados Unidos exigió la libertad de expresión garantizada por la constitución y se refirió de forma indirecta a la posición política de un mito como Mohamed Ali.

Cerca de dos tercios de los jugadores de la NFL son negros. Bastó con que uno de ellos se saliera del comportamiento deseado para desatar un debate fundamental.

En Estados Unidos se escucha el himno también en los colegios antes de cada partido y los que pasan por allí se detienen y se giran hacia la bandera, también los jugadores que entrenan en el campo de al lado. La mayoría se ponen la mano en el corazón, aunque no es obligatorio, pero todos los estadounidenses se levantan, sin excepción.

En este contexto Kaepernick se enfrenta a duras críticas procedentes del mundo del espectáculo, del entretenimiento, del deporte y de la política. Muchos lo consideran inaceptable, obra de un criminal y piensan que debería avergonzarse. Donald Trump le propuso sin vacilar que se buscase un país con el que encajara mejor.

Muchos reducen la protesta de los jugadores a puros gestos. Otros consideran que es muy general y muy banal y que se alejan de las protestas correctas y necesarias de muchos negros en el país. “La mayoría le verán como el niño millonario quejica”, escribió el The Washington Post. Y añadió que a la protesta le falta precisión, por lo que no tiene ningún objetivo.

Por el contrario, defensores de los derechos humanos se preguntan qué hay de malo en la protesta y por qué tiene menos valor porque Kaepernick gane mucho.

La profesora de derecho Katheryn Russell dijo en la cadena de deportes ESPN que antes de criticar al jugador por su opinión, uno se debería ocupar de los defectos criticados. “Quien solo atiende a la forma de la protesta, en realidad está diciendo: No, los problemas referidos no existen en este país”.

Los objetores del himno deberían ser conscientes del gran efecto mediático de sus violaciones de lo establecido. Es poco común, pero espectacular. “Los principales medios solo se hacen eco si hay un espectáculo y ahora hay uno, diseñado por Kaepernick”, dijo el profesor de estudios afroamericanos de la Unversidad Duke, Mark Anthony Neal.

Mientras tanto la serie de dibujos animados South Park ya se ha burlado del tema en un capítulo.

A Kaepernick podría salirle muy cara su protesta, según el The Washington Post. Otros jugadores que han protestado ya han perdido contratos con patrocinadores. No obstante, el contrato de Kaepernick tiene un volumen de 60 millones de dólares (54 millones de euros).

Es un hecho que la situación de muchos negros en Estados Unidos es como para poner el grito en el cielo. El número de encarcelamientos, la pobreza, la violencia policial, el acceso a la educación, el trabajo y viviendas dignas: son ámbitos en los que la sociedad trata de forma muy diferente a blancos y negros. Muchos blancos niegan esta situación o no quieren saber nada de ello. La mayoría prefiere separar deporte y política.

No honrar la bandera y el himno en un país tan profundamente patriótico no es una broma, es un sacrilegio. El patriotismo es uno de los mayores bienes en los Estados Unidos. Pero también lo es la libertad de expresión. Los dos son defendidos fervientemente. Pero en esta polémica se enfrentan duramente como las filas de dos equipos de fútbol americano. Difícilmente habrá aquí un ganador fuera del campo.

Fuente. La Jornada