CENITAL

Rogelio Aguayo Aguilar

Tema: Inseguridad

Como todos los días, miles de personas dejan su casa habitación para ir a su trabajo. Trabaja padre y madre y los hijos a la escuela. Durante horas la casa permanece sola. Quizás un perro la cuida, rodeada de candados y de rejas a más no poder. Cerrojos de este tipo y de otro. Se buscan los más seguros, los que permitan resguardar con mayor recelo el patrimonio que se va formando con dificultades y lentamente. El barrio queda solo literalmente, convirtiéndose en presa fácil para quien sea.

Nunca esperas llegar a tu casa y encontrarla con las cerraduras forzadas y con un desastre, pero sucede cada vez. No hay zona segura. Por todas partes hay testimonios de las desgracias que suceden. Robos con violencia y de todo tipo. Nadie ve nada. Los vecinos no quieren participar. No hay comunicación. Las paredes de las casas vuelven nula la comunicación en los fraccionamientos y colonias de la ciudad. Sigue la denuncia obligatoria, las vueltas que no tenías planeadas y la declaración que te hace sentir más inseguro, tras repetir los detalles de las condiciones en las que encontraste la casa.

Volver a la tranquilidad después de un robo no es sencillo. Siempre está latente el peligro, el temor de que suceda de nuevo. Coraje, impotencia de no saber a dónde voltear para culpar a alguien. Ya no sólo es la noche la insegura, el día la ha alcanzado. Tienen el mismo número de probabilidades de ser utilizado para robar. Personas vagabundeando sin oficio ni beneficio, esperando la oportunidad para hacerte pasar un muy mal rato y llevarse lo que no les pertenece.

Mayor comunicación será importante tener con los vecinos porque las cámaras,  candados y rejas, no son suficientes para resguardarnos. Añoramos los días tranquilos que al parecer no volverán. Ojalá y si.