Zoológicos humanos: Jorge Bettancourt

Editorial

Dos noticias del mismo tenor han ocurrido en un par de semanas o quizás menos.

 

Hace un poco más de 8 días un deprimido y mesiánico hombre, Luis Ferrada,  se lanzó a la jaula de leones en un zoológico en la capital de Chile, Santiago, para ser devorado por los leones, otra hipótesis que se baraja es que él se sentía tocado por Dios y así como lo dice la historia de Daniel y los leones, quería probar que se podía salir ileso de esta situación. Lo que ocurrió ese sábado 28 fue que los guardias del zoológico, debieron disparar a los dos leones hasta darles muerte, para salvar (que irónico) la vida del suicida espiritual. El cual está en este momento en cuidado intensivo en una clínica, fuera de peligro de muerte.

Ahora ocurrió en un zoológico de Cincinnati, en donde un niño de tan solo 4 años, trepó la valla de la muestra “Gorilla Word” y cayó. El gorila de 17 años llamado Harambe, no mostró agresividad contra el pequeño, de lo contrario, se acercó, según testigos y los videos que están en youtube y  le tendió la mano, para luego arrastrarlo a otro sitio, desconcertado por los gritos de los visitantes.

Los guardias del recinto dieron muerte al gorila, temiendo por la vida del menor, aun cuando se ve que él, nunca mostro agresividad por el infante. Muchos en redes sociales han compartido su malestar por la acción que se tomó contra Harambe, artistas, cantantes, también han usado sus redes sociales para dar eco al malestar colectivo.

Mi pregunta que se desprende de mi trasnochada mente, es que hubiera pasado si en inicios del siglo XIX, cuando en Francia existían los zoológicos de humanos, en donde se exponían a familias de Selknam, traídos desde el sur de América (sí, como lo lee, humanos sacados de sus aldeas, comunidades habitad y expuestos detrás de rejas para que los  refinados y perfumados los contemplaran) un perro agresivo de gran tamaño se hubiera colado en la exhibición, ¿sacrificamos la vida de quién? ¿la del perro o alguno de los curiosos y pintados aborígenes?

En el caso de Chile, perdónenme lo coloquial de la expresión pero el amigo “estaba más pa allá que pa aca”… y sacrificar a dos felinos de esa magnitud, costo y que de por si están sufriendo en sus habitas bonsay… ¿para qué?, me pregunto. Y en el caso de Cincinatti, sé que es más delicado, porque no fue por decisión del niño, caer ahí, en la fosa, pero sí, por una gran negligencia de los padres que lo perdieron de vista, además, de que el gran mamífero jamás presentó una conducta agresiva contra el cachorro humano. Nunca sabremos qué hubiera pasado si no se le hubiera disparado a simio.

Estos casos no se deben perder con el transcurso del tiempo. Creo que a esta altura del desarrollo de la humanidad, de la información, tener, mantener aun zoológicos, los cuales comenzaron antes de 1800 como tales es ridículo. En el siglo XVI, el cardenal Hipólito de Médicis tenía una colección de gente de diferentes razas. Él mismo dijo que entre sus “bárbaros” se escuchaban hasta 20 idiomas, ya que tenía entre su “colección”, moros, tártaros, indios, turcos y africanos.  Hoy en día, para conocer, saber sobre el comportamiento, costumbres de ciertos animales, no creo que sea tan necesario ir a verlos tras las rejas, en donde, sin importar todos los adelantos, espacios o réplicas de su habitad, nunca será lo mismo, el nivel de stress a los cuales se someten siempre será altísimo, comparado con la vida silvestre

Me despido, reafirmando mi decisión de no ser espectador ni de zoológicos, ni de circos, ya que en ambos casos, existe el maltrato animal.

 

Jorge Bettancourt Castro

 

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